17 Nov Recibiendo el regalo perfecto
¿Te has preguntado alguna vez qué es lo que hace que un regalo sea muy especial para ti?
Pues seguramente algunos regalos son especiales porque se nos dieron desde el amor, desde la generosidad, sin esperar nada a cambio por lo que se da. También son especiales porque pueden reflejar una bondad inmerecida, es decir, nos damos cuenta de que no somos merecedores de tal regalo.
Por otro lado, algunos regalos también son valiosos porque implicaron un gran sacrificio para quien los dio, porque cuando alguien está dispuesto a desprenderse de algo que aprecia muchísimo y nos lo da, ese sacrificio hace que su regalo tenga un inmenso valor para nosotros.
Algunos regalos también son especiales porque cubren una verdadera necesidad, quizás una muy urgente, como, por ejemplo, en el caso de que necesitaras un tratamiento médico que te puede salvar la vida pero que no te lo puedes costear por ti mismo y entonces alguien se ofrece a pagarlo por ti, y entonces ese regalo se volvería muy, muy especial.
Un regalo tiene la capacidad de fortalecer un vínculo, mostrar amor hacia nosotros y hacernos sentir valiosos y amados por quien nos lo obsequia. El amor es la fuerza más poderosa de todo el Universo.
¡¡¡Pues tengo que anunciaros una buenísima noticia!!! ¡¡¡Ese regalo perfecto, existe, y ha sido entregado a la humanidad entera, de todos los tiempos, raza y condición, ha sido entregado para todo aquel que acepte recibirlo!!!
Este regalo nos lo entrega nada más y nada menos que el propio Dios, el Dios del Universo, el Único y Verdadero Dios, el Creador de todas las cosas y nos lo entrega solamente por amor, y este regalo no es otro que este: “Porque de tal manera amó Dios al mundo, que ha dado a su Hijo unigénito, para que todo aquel que en él cree, no se pierda, mas tenga vida eterna”. Juan 3:16.
Este versículo es tremendamente conocido por su gran impacto espiritual para nosotros, es un regalo eterno, porque Dios entregó lo más valioso que Él tenía, entregó a su único Hijo, Jesucristo, por nosotros, porque los descendientes de Adán estamos “muriendo”, debido a que no podemos librarnos de la enfermedad y la muerte, y tampoco podemos reconciliarnos con Dios y estar sin culpa ante Él. Y como simples humanos no podemos salvar espiritualmente a nadie, ya que esto no está a nuestro alcance. Por tanto, necesitamos ayuda con urgencia, es una cuestión de vida o muerte, de vida eterna o de muerte eterna, y nosotros no podemos pagar el precio por este rescate, y por eso alguien tuvo que pagar este precio por nosotros, y ese alguien fue Jesucristo con su sangre derrama en la Cruz.
Por este motivo Dios pagó con gusto el tratamiento que necesitábamos para salvar nuestra vida y lo hizo mediante su Hijo Jesús y su sangre derramada en la Cruz, la cual nos limpia de todo pecado. Jesucristo nos ama tanto, que derramó hasta la última gota de su sangre por ti, por mí y por toda la humanidad. Quien cree en el sacrificio que Jesús hizo en la Cruz, ya no es hallado culpable ante los ojos de Dios, porque Dios ya no nos ve a nosotros, sino que ve a Cristo en nosotros. Tener fe en la sangre derramada de Jesucristo permite que se nos perdonen los pecados y que tengamos vida eterna en Él. Este amor de Dios es grandioso, insuperable, y esto nos ha de llevar necesariamente a adorarle con todo nuestro corazón. Si amamos a Dios se debe a que Él nos amó a nosotros primero. No olvidemos que Su Amor es el que hace posible el nuestro. El amor de Dios fue y es dirigido hacia el mundo, hacia la humanidad entera y alcanza a la totalidad de la raza humana. Nadie queda fuera del amor de Dios por más bajo que considere que haya caído. Reconocemos que somos indignos de recibir un amor así, un regalo así, pero Dios ofrece la Salvación a todos los hombres por igual, todos tienen acceso por igual, aunque… no todos van a aceptar este regalo, porque por libre decisión hay personas que rechazarán este regalo perfecto.
Todos vamos a tener que tomar una decisión respecto a este regalo, respecto a Jesucristo, ¿qué vamos a hacer con Jesucristo y con lo que Él ha hecho en la Cruz por nosotros? ¿Vamos a seguirle o vamos a rechazarle? ¿De qué lado estás? ¿Vamos a recibir el regalo que Dios nos ofrece o lo vamos a rehusar? La decisión que tomemos tendrá una repercusión eterna, tendrá un alcance eterno, que nos conducirá hacia la vida eterna o hacia la muerte eterna. La decisión que tomemos es muy importante, y tiene su lugar ahora en el presente, en este justo mismo instante. Es un llamado urgente a tomar una decisión. Mañana igual puede ser ya muy tarde.
Este versículo contiene un mensaje 100% evangelístico y es conocido como el Evangelio en miniatura, porque es un llamado urgente a la Salvación, a que las personas se conviertan y reciban a Cristo como a Su Señor y Salvador, y entonces se recibe vida eterna en Él. Cuando comprendemos bien este mensaje, este versículo, es cuando podremos evangelizar bien a los demás, porque en este versículo se condensa el evangelio de Dios y se nos explica lo que Dios ha hecho y por qué lo ha hecho.
Se nos explica que era necesario que el Hijo del Hombre muriera en la Cruz para que de esa manera los hombres pudieran nacer de nuevo, para que la vida antigua quedará atrás y se recibiera vida nueva. Esta iniciativa surgió de Dios y sólo de Él, como resultado de su amor por este mundo. La grandeza del amor de Dios se puede ver en que ha entregado lo más valioso que Él tenía, a su propio Hijo unigénito y al morir en una Cruz, Dios mismo se implicó personalmente en nuestra Salvación y no reparó en el precio de lo que entregaba.
Aunque el amor de Dios es muy grande, de nada servirá para los que no crean en él, porque la única condición que Dios pone en la entrega y la recepción de este regalo es la fe. Habrá quien quiera salvarse por sí mismo, a través de buenas obras o méritos personales, pero de nada sirve todo esto delante de Dios. Muchos creen que sólo las personas que han matado, que han robado, o que han abusado de otros, son los que van a ir a la condenación eterna, pero la Palabra de Dios dice que la única razón por la cual el hombre será condenado será por el pecado de la incredulidad. Nuestro destino eterno estará determinado por la postura y la decisión que tomemos respecto a Jesucristo. Las condiciones de Dios para recibir esta Salvación es la fe en Cristo, algo que está al alcance de todos los hombres. El hombre es el único responsable de su destino eterno porque Jesucristo es Nuestro Único Salvador y Redentor, y si amamos a Dios y creemos en Jesucristo, Dios promete vida eterna junto a Él. Así pues, hemos de tener presente que todo ser humano se va a enfrentar a dos posibles destinos con su decisión, la vida eterna o la muerte eterna.
La Salvación es un regalo inmerecido que es por gracia, es decir, es algo que no merecemos, pero que aun así nos es dado, y que sólo se recibe por fe. Dios no va a imponer por la fuerza o en contra de tu voluntad este regalo a nadie, por eso quienes lo rechacen entrarán en condenación, y en cambio los que lo reciban, entrarán a la vida eterna. Como vemos toda la humanidad entera tiene la posibilidad de elegir entre la vida y la muerte. La vida eterna es la comunión eterna con Dios, es vivir en Su Reino eternamente junto a Él. La muerte eterna en cambio es una existencia alejada de Dios para siempre, es una separación de Él, de su presencia para toda la eternidad. La existencia del infierno es una realidad difícil de digerir para mucha gente, pero el que no pienses en él o lo niegues o te burles, no hará que sea menos cierto y menos real, y es un lugar donde se permanecerá para siempre cuando libremente se rechaza el amor de Dios. Recuerda que Dios puede perdonar todos los pecados, pero el único que no perdonará va a ser el de la incredulidad, porque Dios nos ha dado ya numerosas evidencias de su existencia, tanto en todo lo que nos rodea, para que, al ver todas las maravillas de este mundo, no puedas por menos pensar que si existe una creación entonces debe de haber indiscutiblemente un Creador, y Dios también nos ha dado pruebas de su existencia mediante su Palabra, La Biblia.
La razón por la que las personas se condenan es por la incredulidad, porque no han creído en el Nombre de Jesucristo.
La fe en Cristo es la única manera en la que el pecador pueda ser salvado de la condenación eterna. Él pagó por los pecados de todos los que creen en Él y le aceptan como a Su Señor y Salvador.
El sacrificio de Jesús es el mayor regalo de la historia porque nos los dio el ser más importante y Todopoderoso del Universo, Dios mismo, motivado por un amor insuperable hacia su creación amada, la humanidad. Nadie ha sacrificado tanto por nosotros como Jehová Dios. Y no hay otro regalo que satisfaga una necesidad tan urgente como la de librarnos del pecado y la muerte. Sin lugar a dudas, éste es un regalo perfecto sin igual, la única condición es creer, es tener fe, y la gran promesa es que todos los que crean no se pierdan, sino que tengan vida eterna.
La muerte de Jesucristo y su fe en Él nos da acceso al árbol de la vida. Si permanecemos fieles, cuando Cristo regrese de nuevo, seremos resucitados y se nos dará un cuerpo glorificado como el de Cristo y viviremos por siempre como hijos adoptivos en la familia eterna de Dios. Y este es el asombroso y sobrecogedor significado de Juan 3:16 y el propósito de Dios para la humanidad. Este versículo es un llamado a venir a los pies de Jesús, Él nos espera con los brazos abiertos, no importa lo que hayamos hecho, presentémonos así tal cual estamos ahora y busquémosle ahora que todavía estamos a tiempo, ahora que todavía estamos en tiempo de gracia. El tiempo es ahora, no retrasemos más nuestra decisión.
Maranatha, Jesucristo viene pronto.
Laura de Haro